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Diálogo entre Fe y Cultura. Iglesia Antigua de Zumárraga.

A la hora de elaborar esta presentación sobre todas aquellas exposiciones que conforman este viaje simbólico y físico, me veo en la tesitura de exponer de forma clara y sencilla, entendible incluso para el profano, no solo su significado sino también su sentido (valga la dualidad del término: sentimiento y dirección-orientación).

Estas muestras sirven como piedra fundacional de un ambicioso proyecto ideado por el artista J. M. Moraza en torno al concepto “respeto” en todos los órdenes de la vida, y es el pilar básico de una Fundación Respeto, en la que participa personalmente aportando su obra sigilosa, dialogante con el entorno, no agresiva, en suma, respetuosa con el espacio que la acoge. A sus obras se añaden otras realizadas por artistas invitados expuestas todas ellas en lugares públicos y privados, y que formarán parte de otro camino paralelo a las muestras en espacios religiosos. A estas muestras se solapan  otras como aquellas ya iniciadas en los centros penitenciarios (Martutene, Alcalá 1 y 2) bajo el título de Símbolos para el respeto” que se insertarán como cuentas de un collar en el hilo conductor que es el concepto “respeto” y que iremos comentando sucesivamente en los catálogos correspondientes.

Así  las raíces donde crece este árbol, pequeño al principio y que va creciendo con salud a pesar de las vicisitudes, se han hecho fuertes y han dado lugar a un ramaje cada vez más frondoso a pesar de su juventud. La primera exposición realizada en Deba bajo el título “Dialogo entre Fe y Cultura” cede el testigo a la actual “Dialogo entre Fe y Cultura II”y así sucesivamente. Su nexo en común nace de un concepto que lejos de estar acotado al terreno de lo social se adentra en el campo del arte contemporáneo acercando experiencias estéticas aparentemente contradictorias pero realmente dialogantes y complementarias. Por ello se puede considerar un arte de comprensión y de dialogo (como no podría ser de otra forma viniendo de la Fundación Respeto) y no de confrontación-agresión como es cada vez más común en ciertas muestras de arte contemporáneo.

Las obras de pequeño formato, de textura similar a la arenisca, humanizadas por el símbolo, por la expresión artística más minimalista como es el punto, acaban barroquizándose en formas abstractas  y orgánicas siempre contenidas por el formato que evita la “estridencia” respecto al entorno  Es aquí donde tenemos que buscar ese nexo de unión con el arte clásico: en origen contenido y posteriormente desatado gracias a la explosión gestual barroca. Sus caminos son paralelos y no contradictorios. La elección de distintos centros de culto significativos, paradigma del respeto y la conciencia colectiva no es casual. Es en ellos dónde tiene que brotar de nuevo el germen de este concepto para ser transmitido a las nuevas generaciones

Andrés López-Carrasco Rodríguez

Licenciado en Bellas Artes-Restaurador de obras de Arte.

Miembro de la Fundación Respeto.

la antigua

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