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EL RESPETO: UN CONCEPTO POLIÉDRICO Y UN DEBER MULTIDIRECCIONAL

Largo y tendido puede hablarse del respeto, pero este texto no pretende ser muy extenso, para respetar al lector en estos tiempos en los que las comunicaciones interpersonales se despachan en unos pocos caracteres. El título condensa las dos ideas-fuerza de este texto, pero, para comenzar, indicaré que concibo el respeto como condición inexcusable de la relación interpersonal y como aprecio (o, por lo menos, no desvaloración) del prójimo, de todo lo que nos circunda y de una forma, respetuosa, de actuar.

Quisiera pues poner el acento en una acepción del respeto positiva y de mínimos, sin la compañía de otras palabras que amplíen o limiten su significado. De hecho, no pocas veces la palabra viene acompañada de otras como infundir, que la acercan más al miedo que a otra cosa, o reverencial, que la acercan a la pleitesía, e incluso por lo contrario a lo que aquí queremos resaltar, como es la locución campar por (los) respetos (de alguien). También suele ir muchas veces acompañada otras como labrar(se), ganar o perder, que la relacionan con su aspecto social, por una parte, y que remarcan su carácter poliédrico, en tanto concepto no siempre unívoco.

Desde ese punto de vista positivo, el campo semántico o significativo del respeto puede tener aspectos concomitantes con la sinceridad, la coherencia o la colaboración, pero sin llegar a con-fundirse con aquellas, puesto que también cabe el respeto en la discrepancia o la disputa, siendo, seguro, de mayor urgencia o necesidad en estos últimos casos. Tampoco debe confundirse el respeto con la tolerancia, dado que la primera sería la parte activa del concepto y la tolerancia la parte pasiva. Así pues, podemos concluir que muchas veces cabrá hacer un esfuerzo por ser respetuosos y evaluar qué es ser respetuoso en la ocasión que estemos viviendo.

Estimo, también, que el respeto es un concepto eminentemente práctico en cuanto a su conformación y, fundamentalmente, a su expresión. En ese sentido, el respeto debe ejercitarse y aprenderse en todo lugar y momento, dado que ambas perspectivas se retroalimentan. Sin ser el único ámbito de aprendizaje del respeto, la familia tiene una gran importancia en ese aprendizaje del respeto, con una mayor responsabilidad para aquellas personas que deben predicar con el ejemplo y respetar el derecho a equivocarse y aprender a través de la propia experiencia.

Los modelos públicos de actuación tanto en el deporte, la política, la publicidad o en ámbitos privados, como la empresa, no son siempre respetuosos, por lo que es fundamental hacer una labor didáctica para la difusión del respeto tanto en el ámbito público como en el privado. En ese sentido, me parece modélica la labor de la Fundación Respeto, que desde aquí quiero valorar y agradecer.

Sobre la expresión del respeto, podría decirse que el respeto es, fundamentalmente, eso, expresión o, si se prefiere, manifestación. Puede ser acción o inacción, según el caso. Eso sí, no concibo el respeto en un plano puramente teórico. Debe tener siempre un componente formal y práctico. Dentro de ese componente práctico, el respeto se plasma, por supuesto, en obras plásticas y musicales de todo tipo.

De hecho, el respeto proviene del vocablo latino respectus, que significa atención o consideración, debe comenzar, evidentemente, por uno mismo o una misma. Si la persona se respeta a sí misma, estará en condiciones de respetar a los demás; en caso contrario, se puede pasar de no tener miedo a respetar, a respetar por tener miedo. Obremos, pues, respetuosamente y sin miedo, tanto con lo propio como con lo ajeno.

La certidumbre es, en todo caso, total, a la hora de calificar a respeto como un concepto poliédrico o multiforme, atendiendo a la multitud de perspectivas y lecturas que puede contener y a su amplio espectro de aplicación. Lejos de mi intención está, por lo tanto, tratar de sentar cátedra al respecto.

Respecto a la segunda idea-fuerza de este texto, que destaca el deber multidireccional del respeto, cabe decir que podemos darnos cuenta de su importancia al observar las necesidades de funcionamiento de cualquier grupo humano.

Para ejemplificar esa idea, puede servirnos de una agrupación o masa coral —aunque puede servir toda agrupación humana que haga algo en común—. La praxis del respeto comienza, por una parte, a nivel individual con la relación del coralista respecto al grupo. En ese sentido, para actuar respetuosamente, deberá acudir con puntualidad a los ensayos, guardar silencio cuando se trabaje con una cuerda que no es la propia, dar el cien por cien también en las obras musicales que no sean de su agrado o trabajar las obras individualmente. La entidad coral, por su parte, debe ser respetuosa tanto en su estructura representativa como en su proceder respecto a todos y cada uno de sus integrantes.

Como bien habrá podido deducir la perspicaz persona que esté leyendo este texto, su autor es integrante de una agrupación coral y, en ese sentido, considero que la mayor expresión del respeto en dichas agrupaciones es la armonía de un acorde tonal. Es imposible lograr un acorde respetuoso sin el respeto individual y grupal de todos y cada uno de los cantantes.

Pero no se agotan ahí las direcciones en las que debe actuar el respeto. La masa coral debe ser respetuosa con la partitura que canta. En caso de cambiar la partitura, debe solicitar el permiso del autor. La elección de programas de canto también pone a prueba la multidireccionalidad del respeto, dado que el programa debe ser respetuoso con las fuerzas de la masa coral y, a su vez, con el auditorio que escuchará esas obras, dado que no es difícil imaginar que la idoneidad de las canciones cambia atendiendo a la composición cultural o la edad del auditorio.

Pero, como indicaba anteriormente, esa misma multidireccionalidad se observa en todos los ámbitos de la relación interpersonal: entre empresas, proveedores y clientes, entre médicos, pacientes y familiares o entre el profesorado, el alumnado y las asociaciones de padres y madres, por poner unos claros ejemplos. En todos esos ámbitos relacionales queda bien patente el carácter básico del respeto para la consecución de los objetivos comunes o, sin mayores pretensiones, para la convivencia entre las personas y su relación con el entorno.

En ese sentido, y refiriéndome específicamente a la labor de la Fundación Respeto, me parece pertinente traer a colación la relación que se establece entre los símbolos para el respeto y los espacios para el respeto, puesto que los símbolos para el respeto son realizados a nivel individual, con el aporte personal de cada individuo y ello puede extrapolarse al respeto individual manifestado por todo integrante de cualquier grupo humano. Por otro lado, los espacios para el respeto, ejemplifican la puesta en común de todas esas manifestaciones de respeto y su integración en el entorno, que también podemos extrapolar al resultado del trabajo colectivo de cualquier organización y su influencia social y ambiental.

Una vez aclarada, de forma genérica, mi concepción del respeto, quisiera ir finalizando el texto con una pequeña reflexión y una serie de preguntas, que entran en otra dimensión conceptual y relacional del respeto.

Me gustaría apuntar la relación entre el respeto y el principio de igualdad. Ofrecer un trato respetuoso a uno mismo y a las demás personas implica tratar diferente al o a la diferente, para preservar, precisamente, la coherencia en el respeto. En dilucidar la mismidad y la diferencia se dirimirá el arte del respeto a ambas variables. Como vemos, el respeto también tiene mucho que ver con la capacidad de adaptación a las distintas realidades.

También me gustaría mencionar los supuestos conflictivos, apuntados al principio de mi exposición. ¿Qué debe respetarse prioritariamente al chocar la libertad individual y el derecho a la vida? Es notoria la relación entre la respuesta a esa pregunta y la posición ideológica que puede tener cada persona sobre cuestiones como la eutanasia o el aborto. Todo un reto para el respeto a las distintas ideologías tanto en nuestro entorno como en todo el mundo.

Y, para terminar, dos cuestiones muy abiertas: ¿Cómo debe gestionarse individual y grupalmente el respeto en situaciones injustas, de controversia o de disputa? ¿Cómo deben entablarse relaciones recíprocamente respetuosas entre mayorías y minorías?

Las respuestas a esas preguntas dan lugar, sin duda, a otro tipo de análisis y reflexiones que, por el momento, dejaremos para otros foros, dado que no es ese el propósito de este texto.

En todo caso, sí, el respeto es obra (sobre todo), y, como hemos podido comprobar, también arte. Un arte a cultivar.

Y tú, ¿qué piensas al respecto?

Estaré muy agradecido de leer tu opinión que asumiré con todo el respeto del mundo.

Iñigo Azkue Leunda. Licenciado en Derecho. Colaborador de la Fundación Respeto.

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