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Las personas y los pueblos han llegado a su mayoría de edad cuando han plasmado su forma de ser y de pensar en los signos y los símbolos. Cuando cada uno de los miembros dentro de la vida social de un pueblo llega a plasmar signos y símbolos está manifestando una doble vertiente de su desarrollo. Por una parte manifiesta su arribo a la mayoría de edad y por lo tanto reclama que la sociedad le respete y le reconozca la posesión de los derechos humanos. Mientras que por otro lado significa en un diálogo interpersonal  que él mismo ofrece por su parte la acogida y el respeto ante las manifestaciones de personalidad de los integrantes de su pueblo, de otros pueblos y el reconocimiento de sus derechos humanos.

El respeto y la mayoría de edad de los individuos y de los pueblos se reduce a la toma de conciencia de los propios derechos humanos y al ofrecimiento de respeto y consideración de los derechos humanos de los demás en un diálogo interpersonal. En otras palabras los individuos y los pueblos llegan a la mayoría de edad cuando tienen conciencia de la utilidad, de la justicia, de la belleza, de la ética y de la política.

Todos los pueblos manifiestan esta mayoría de edad con sus signos y sus símbolos que casualmente todos ellos son manifestaciones sociales y cuando ven respetados estos signos y símbolos por los demás, corresponden con el reconocimiento y el respeto a la personalidad individual y social de sus interlocutores.

Muchos son los signos y símbolos que las personas particulares y los pueblos han adoptado como expresión de la mayoría de edad y de su personalidad. Los más antiguos y aun en cierta medida anteriores a la utilización de la escritura son los instrumentos de caza, las armas y las herramientas por las que impusieron su respeto ante los demás animales. Los hombres y los pueblos fueron capaces, los únicos entre los animales, de fabricar herramientas que fueron la expresión útil y simbólica de su nivel de desarrollo humano individual y social.

Otros símbolos y signos de madurez de la personalidad y anteriores a la escritura fueron los megalitos tales como los menhires, los cromlechs, los dólmenes y las estelas. Los menhires ya se conocen en la prehistoria. Pueden ser signos de expresión de sentimientos, de datos geográficos o de manifestaciones conmemorativas

Los dólmenes son monumentos megalíticos de carácter colectivo funerario constituidos por una o varias losas apoyadas sobre bloques verticales. Las estelas funerarias son piedras largas hincadas en la cabecera de una sepultura. Las hay de forma cruciforme (las más recientes), antropomorfas, discoideas, suásticas, pentagonales, helicoidales, con estrellas de ocho puntas, etc. Las estelas representan a los muertos, a su familia y casa, a la profesión que realizaba el difunto. Las estelas pueden representar figuras de ave, representaciones de la tierra, del sol, de la luna y de las centellas.

Por sí mismos estos monumentos de piedra no presuponen la existencia de la escritura, pero sí exigen el reconocimiento que ese pueblo tenía de su estima y conciencia de su propio ser y por lo tanto reclaman el respeto de su idiosincrasia por todos aquellos que vean sus megalitos.

Otra etapa en la manifestación humana de signos y símbolos la constituye la adopción de la expresión lingüística. Entendemos por lenguaje cualquiera de los sistemas simbólicos utilizados por el hombre para comunicar a sus semejantes sus sentimientos e ideas. El lenguaje humano es aprendido y no es objeto de transmisión hereditaria como entre los animales por lo que las sociedades humanas pueden cambiar de sistema de comunicación.

El primer paso de la actividad del lenguaje es la imposición del nombre a todos los objetos y sujetos del universo. La designación nominal de un objeto, animal o persona confiere a la misma entidad una personalidad nueva. Se crea una estrecha correspondencia entre las categorías del pensamiento y las de la lengua de los miembros integrantes de un grupo social. La posibilidad del lenguaje sólo existe cuando se considera y respeta al interlocutor como otro yo, diferente a una presa o a un oponente.

Las manifestaciones de la escritura se remontan al IV milenio antes de Cristo. Al principio todo signo escrito vino aureolado de un carácter mágico. La representación pictórica de un objeto se identificó con el mismo objeto. Esta multiplicidad infinita de signos reclamó la elaboración de otros signos abstractivos y representativos de ideas.

Son muchas las familias de la escritura humana. La escritura cuneiforme era la que usaban los pueblos del Antiguo Oriente desde que la inventaron los sumerios en el IV milenio y que utilizaba caracteres de forma de cuña.  La escritura iconográfica  es aquella en la que cada imagen representa el objeto designado. Por otro lado la escritura ideográfica es aquella en que los signos no revelan la realidad de las cosas y únicamente sugieren su nombre, como las numeraciones, las notaciones matemáticas o musicales.

De las primitivas lenguas se nos conservan millares de tablillas sumerias, etruscas, micénicas, minoicas, beréberes o tartésicas. Todas las palabras o expresiones lingüísticas se hayan podido interpretar o no, son símbolos que exigen el reconocimiento de su entidad y el respeto de la expresión de su peculiaridad.

Por otra parte los pueblos a lo largo de toda su historia han creado signos y símbolos pictóricos, escultóricos y aun musicales que son manifestaciones de sus ideas, de sus vivencias, de sus sentimientos y, en una palabra, de su  riqueza interior. Desde los altorrelieves realistas rupestres de Altamira hasta las expresiones más abstractas de nuestros días, todas han sido fruto y plasmación de una inspiración en la que el creador artístico, como el poeta, siempre nos ha dado el sentido profundo de su existencia, es decir, su hálito mítico, místico, ético, social y trascendente.

En este devenir de la historia del arte nos encontramos con las expresiones artísticas de la Fundación Respeto. En un proceso de simplicidad y depuración, las representaciones a las que se llegan son hitos expresivos y faros de referencia totémica como lo fueron en su tiempo los menhires, los cromlechs, los dólmenes o las estelas. Más aún, son signos abstractivos y representativos de ideas, anhelos, visiones, tendencias depuradas del ser social y ecológico que es el hombre.  Por otra parte, además, las tablas pictóricas son también signos y símbolos del respeto. La “Fundación Respeto” pretende hacer llegar con sus talleres y sus plasmaciones pictóricas la necesidad de instaurar como norma de comportamiento entre todas las clases sociales, todos los hombres, pueblos y razas el reconocimiento de su mayoría de edad, de sus derechos humanos en un diálogo interpersonal a la espera de suscitar en contrapartida el mismo respeto para sus ideas, planteamientos, anhelos, expresiones sociales y aun trascendentes.

José Luis Orella Unzué. Catedrático de la Universidad de Deusto. Miembro de la Fundación Respeto

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