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La Universidad de Deusto se incorpora a un proyecto que se puso en marcha en el año 2004 como un jalón más de un recorrido que sin duda tendrá continuación en otros espacios posteriormente. Un proyecto que se contempla como un proceso continuo en el que intervienen muchos coautores que colaboran en la elaboración de la Obra Respeto.

Entramos de lleno en algunos de los nuevos comportamientos artísticos que van a protagonizar el devenir de las vanguardias. Se trata de una obra abierta, de un proceso en marcha que se dará por concluido cuando los autores decidan que ya está terminado. En este sentido, más que las obras en sí, lo que importa es como se concibe, como se desarrolla, como va tomando cuerpo una idea. No es que se llegue a un puro concepto que culmine con la desmaterialización completa de la obra como objeto artístico en el que la idea que se promueve, el “Respeto”, marca el objetivo y los límites que configuran todas las actuaciones. El registro material que queda como testigo de esa acción es precisamente eso, un testimonio de algo que va mucho más allá. Por eso las fotografías, el video, las entrevistas forman parte sustancial de todo el proceso creativo y son instrumentos básicos para comunicar el sentido último con el que los autores conciben la obra.

Además hay un intento de romper con los esquemas tradicionales obra – público – espectador al contar con la participación del público en la elaboración colectiva de la obra. El que se integre en este proceso, para el que no existe ningún tipo de selección previa, pasa de mero espectador pasivo y distante a coautor de la obra. La obra de arte deja de ser algo cerrado, autosuficiente, básicamente introvertida, para abrirse a todo tipo de interpretaciones en las que los participantes pueden y deben expresarse con toda libertad, porque lo que vale es la iniciativa y la intransferible expresividad individual de todos y cada uno de ellos. Para intervenir no se requieren especiales condiciones artísticas porque todos actuamos artísticamente si estamos participando de un hecho artístico. La artisticidad depende de la intención, no de la habilidad manual ni de la capacidad estética.

Todo ello se inscribe en ese intento de integrar el arte en la vida, y la vida en la acción. Se trata de apartar al arte del reducto restringido de un producto mitificado, que se encierra en esos reductos sagrados que son los museos y que se lleva a cabo por artistas que adquieren el sello de seres excepcionales dotados de un soplo divino de genialidad. Ahora el arte es de todos y para todos. Ahora se presenta en espacios tan poco habituales como son las Iglesias, Mezquitas, cárceles… Ahora, aunque el proyecto se inscriba bajo la idea de “Respeto”, ya no nos parece cuando estamos interviniendo en la creación de las obras tan respetable. Y sin embargo, nada tan respetuoso como esa participación colectiva en la que personas de toda índole intervienen sin jerarquías ni escalafones, sin limitaciones para concebir y realizar las obras, sumándose a un colectivo que es de todos y para todos.

Solo una pequeña reflexión sobre esas obras en la que la realización es libre pero en las que hay un elemento integrador que es el que va a prestar coherencia al conjunto. Un soporte bastante pequeño pero contundente, un formato cuadrado, unos relieves en los que el gesto más espontáneo o más disciplinado, no son sino un reflejo de la acción y la personalidad del autor. Con todo esto la referencia al minimalismo y sobre todo a ese paradigma de la modernidad que es el cuadro de Malevitch, “Cuadrado blanco sobre fondo blanco”, es casi obligada. Con todas las coincidencias y discrepancias que se puedan aducir surge casi si querer como un hito en nuestra memoria.

Para terminar, como obra abierta y colectiva una a una estas obras serían irrelevantes, pero todas juntas como testimonio de esas personas que se han implicado sin distinciones en ese trabajo común, tienen mucho que decir, porque el respeto no es algo que se vive en solitario sino que tiene siempre como referente el otro.

Diálogo entre Fe y Cultura.

María del Carmen Alonso Pimentel.

Profesora de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Deusto.

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